Autor Tema: Volvo 850 T5-R: El arte de ser el primero (1ª Parte)  (Leído 3070 veces)

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Volvo 850 T5-R: El arte de ser el primero (1ª Parte)
« en: 24 de Agosto de 2013, 02:51:44 pm »


Para cualquiera que conozca la marca, hablar de Volvo es hablar de seguridad, aunque también de otras filosofías cuando se trata de modelos como el que ocupa estas líneas. Porque el 850 T5-R era mucho más que un Volvo al uso. Era un misil. Un cumplido a la discreción. Una maravilla que 17 años después de su lanzamiento sigue produciendo escalofríos ante lo gratificante de su conducción cuando se exprimen todas las posibilidades que ofrece, que son muchas.

Este 850 representó una apuesta vanguardista dentro de la marca. Un modelo de personalidad camaleónica que todavía hoy hay quien se gira para mirarlo después de reconocerlo.

Por el resto de contenidos del blog, nadie se extrañará de mi especial pasión por los lobos con piel de cordero. Sí, me gustan. No importa su diseño, quien los fabrique o lo que escondan bajo el capó, el tema es que engañen, que sepan pasar inadvertidos, ese alo de discreción que tan bien dominan determinadas marcas.

No lo puedo evitar, me gustan las sorpresas, las sensaciones inesperadas que como conductor me pueda producir lo que en ese momento lleve entre las manos…

Historia

Inspirado en el coche de competición de la marca para el campeonato británico de turismos, el 850 T5-R nace en 1995 de la colaboración entre Volvo y Porsche.



La intención era clara: Fabricar un vehículo de alto rendimiento, por encima de cualquier otro producido por la marca hasta ese momento. Junto con otras participaciones de Porsche como la del Audi RS2 o el Mercedes 500E W124, este suponía un suma y sigue en ese interminable historial de aciertos en los que el saber hacer de los alemanes volvía a quedar palpable esta vez en la transmisión así como en otros componentes del sistema de propulsión. Aunque no fue lo único en lo que participaron los de Stuttgart. Los asientos y otros elementos fueron algo suyo también.

Pero desde luego las versiones T5-R eran algo más que un motor potenciado. No pretendían posicionarse como los M de BMW, pero tampoco se conformaban con una sobredosis estéril de caballos sin más aliciente que correr en línea recta. Buscaban algo más, ir más allá.



Por aquel entonces, aunque existían, las ayudas a la conducción no se contaban como habituales en muchos modelos, lo que los hacía máquinas mucho más permisibles de cómo las conocemos ahora, involucrándose menos en tu forma de conducir. Estoy hablado de otra filosofía, de otra raza de coches, de otra cosa.

Movido por un cinco cilindros en línea con turbo de fabricación Volvo, esta versión borró muchas sonrisas, siendo capaz de poner en más de un aprieto a algunos deportivos de campanillas del momento. La sobriedad del 850 daba paso en el T-5R a una deportividad más que acreditada por sus capacidades, que ligada a su calidad de fabricación, su aplomo y su nivel de seguridad, le otorgaba el pase directo a una final en la que posicionarse como alternativa destacada entre sus rivales más directos y no tan directos.

Mecánica en general

Hablar de un único artífice, en este caso su motor, sería injusto, pero en este reside buena parte de su “atractivo deportivo”. Se trata de un bloque de aluminio de 5 cilindros y 2,3 litros B5234T3, con un turbocompresor refrigerado por agua, admisión variable de 20 válvulas  y cigüeñal de acero. Los presupuestos eran parecidos a los de la versión T5, solo que la potencia se eleva casi 25 caballos adicionales gracias a los ajustes electrónicos, que añadían un periodo adicional de 2 psi (0,1 bares) al turbo mejorando el rendimiento.



El resultado final es/era (el tiempo no pasa en balde…) un premio de 243 percherones de pura raza, sanos y maduros, dignos, disponibles para empotrarte en los confortables butacones de los que como buen Volvo presumía, entre una maraña de Nm donde los 300 que ofrecía se prestaban suficientes para mover el vehículo con soltura mejorando los registros de competidores aparentemente más capaces.

La caja de cambios responsable de trasladar toda la potencia al suelo conviene que sea la opción manual de 5 velocidades, tan rápida como eficaz, convirtiéndose muy por encima de la opción automática de 4 relaciones en la clave para sacar de este motor todo cuanto pudiera dar de sí, siempre con el mayor disfrute posible a los mandos.



Con una clara vocación, el 850 T-5R se convirtió en una gran berlina, cómoda y segura, pero haciendo la mayor apología posible del disfrute a sus mandos. La versión R iba más allá que cualquier 850 de aspecto tradicional.

Su dirección es eficaz, directa y suave, estaba por encima de unos frenos que aunque son mayores que los de serie de la gama, tampoco ofrecían ningún valor añadido reseñable. El ABS y el control de tracción, cumplen con su función sin mermar ni un ápice la sensación de control del conductor.

En su condición de de tracción delantera, este Volvo tiene cierta predisposición normal al subviraje, algo que para los más puristas se mitiga con un aumento de calzado y un sobreendurecimiento de la suspensión, pero que en cualquier caso pone los límites del vehículo mucho más al alcance de cualquiera que cualquier tracción trasera similar, sin riesgo de sustos fatales o desmanes desprevenidos de otros modelos, donde cualquier abuso del acelerador o el más mínimo desliz, pueden ocasionar un desenlace inesperado. A su favor, el T-5R puede presumir de la nobleza de reacciones propia de cualquier 850 y de cualquier Volvo.

Todo esté perfectamente orquestado para vivir una experiencia casi única al volante de un coche que en su día se podía conseguir por poco más de 5 millones y medio de pesetas.



Prestaciones y otras cifras

El resultado de todo el elenco anterior, traducido a cifras puras, era una aceleración real de 0 a 100Km/h de poco más de seis segundos en la versión manual, alcanzando si no falta tenacidad los 250Km/h autolimitados electrónicamente como si de un misil tierra aire se tratase.

Incluso cuando hablamos de velocidad y aceleración el mundo automovilístico del momento era distinto. Hoy se opina desde una subjetividad autoimpuesta, en la que cualquier vehículo, sin importar el segmento al que pertenezca es capaz, a poco que se trabaje su motor, de superar ampliamente cualquier registro convencional, pero es que hace quince años la barrera de los 200Km/h era todavía inexpugnable para muchos modelos, algunos de ellos similares por concepto, del mismo que cifras de aceleración por debajo de 7 segundos solían estar reservadas a modelos de mayor ambición.



Prestacionalmente brillante como digo, en su versión Station Wagon era más anguloso y cuadrado todavía que el sedán, y hasta más bonito en mi opinión, pero no menos efectivo, consiguiendo en la versión T5-R una efectividad que todavía marcaba más distancias si cabe con muchos de sus iguales familiares, haciéndole falta menos de 6 segundos y medio para alcanzar los 100Km/h desde parado.

Equipamiento

Llegado este punto y conociendo el resto de dimensiones del 850 T-5R, esta faceta es un suma y sigue donde la ausencia de navegadores integrados, asistentes de cambio de carril y asientos con función masaje, no solo no se echan ni siquiera hoy sino que se reconoce perfectamente que no tengan cabida. Aquí las pretensiones y el momento son otros.



Es 1995 y tener techo solar eléctrico y asientos deportivos delanteros tapizados en piel, ABS y control de tracción, en un conjunto cuyo precio no se dispara especialmente, es más que una gran propuesta. Es toda una declaración de intenciones en su segmento. Este modelo podía equipar además un ejemplo temprano de luces de conducción diurna y cuenta con cinturones de seguridad de tres puntos en sus 5 plazas, algo, de nuevo, muy poco habitual.

En cuanto a seguridad, destacó desde el principio por unas características sobresalientes muy por encima incluso de parte de su competencia directa, pero sin conformarse, yendo más allá con la incorporación exclusiva de cuatro airbags de serie (fue el primero de su generación en ofrecerlos), o el cinturón de seguridad de tres puntos también en la plaza central trasera.



El interior, por su parte, reflejaba perfectamente su condición con elementos propios más bien de una “Edición Limitada” que de un vehículo de serie, con tonos especiales para la tapicería, colores exclusivos para el exterior, incrustaciones de madera en el tablero de instrumentos o alfombrillas de velours con el emblema T-5R cosido en amarillo solo para esta versión.

Marce Castro

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Re:Volvo 850 T5-R: El arte de ser el primero (1ª Parte)
« Respuesta #1 en: 04 de Septiembre de 2013, 09:45:29 am »
A España en color amarillo entre rancheras y sedanes solamente llegaron 40 unidades,de las cuales según los datos que teníamos en el foro sabíamos(a fecha de hace 3 años),quienes eran los dueños de 26 de ellos,y también sabíamos con seguridad que 7 no existían ya,de los siete restantes no conseguimos averiguar nada.

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Re:Volvo 850 T5-R: El arte de ser el primero (1ª Parte)
« Respuesta #2 en: 28 de Enero de 2014, 05:08:49 pm »
A ver si juntamos aquí a todos los 850 amarillitos  :D

 

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